De la tragedia al morbo

La tragedia de Barajas sigue viva y de plena actualidad mientras continúan identificando a las víctimas. En mi opinión se le está dando excesiva cobertura y demasiado espacio en los medios de comunicación, algunos de los cuáles están emitiendo imágenes y dando cuenta de detalles buscando más bien el enganche morboso que el rigor y la ética profesional y humana que debiese estar por encima de todo esto, tal y como se recoge muy bien en su portada diario crítico.

Tengo que reconocer que he tenido que hacer un esfuerzo extraordinario para no sucumbir al juego, más allá de lo meramente necesario por el interés que como ciudadano tenemos todos, especialmente en lo concerniente a esclarecer los hechos y los acontecimientos que desencadenaron esta tragedia. Creo sinceramente que el mejor homenaje y apoyo que todos le podemos hacer a las víctimas y a sus familias es el de silenciar de alguna manera ese bombardeo gráfico, esa inquietante e insaciable manía de querer ahondar en los detalles humanos, en la tragedia y en el sufrimiento de los demás. Mucho me temo que por la evolución que estos días he observado en los medios, esto no va a ser posible. Algo estamos haciendo mal y mucho nos queda por aprender en este país, en el que de la conmoción al morbo hay muy poca distancia.

Por cierto, el otro día cuando hablaba del trágico suceso acaecido esta semana me refería a la posibilidad de que habría quien utilizase este accidente para arremeter contra Zapatero y su gobierno, y realmente no han tardado en salir a la palestra algunos, entre ellos dos blogueros que han aprovechado sus espacios personales para ello. Me refiero a Rosa Díez y cómo no, a Jiménez Losantos. No les falta razón a quienes de algún modo reclamaban más información para las familias que han vivido angustiadas durante muchas horas, y mayor celeridad en algunos trámites y diligencias, pero es que ya se sabe que en este país esto siempre resulta complejo. De ahí, a que pudiera existir alguna negligencia o falta de cautela y rigor gubernamental, hay un abismo.

Resulta lamentable que de una tragedia similar haya quien pueda buscar forrarse, y parece ser que hay personas dispuestas a ello. Por mi parte, y en lo concerniente a este espacio, el asunto quedará zanjado y cerrado para siempre, con excepción del lazo negro que aparece a la derecha, que permanecerá en él hasta que se entierre o incinere la última de las personas fallecidas.

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