Muertes junto a la cuneta

Seguimos inmersos en una triste escalada de muertes de jóvenes en nuestras carreteras. Este fin de semana, dos más, en la provincia de Badajoz, de 18 y 20 años, han incrementado las estadísticas, que han de hacernos reflexionar mucho, y muy profundamente, sobre qué estamos haciendo mal, o que no estamos haciendo, para que uno de los mayores potenciales que tenemos, nuestros jóvenes, pierdan la vida en una cuneta, y hieran de gravedad a familiares y amigos.

Según datos facilitados por la DGT, alrededor de 1.400 jóvenes al año mueren en nuestro país por accidente de tráfico, siendo la primera causa de muerte en personas comprendidas entre 15 y 29 años. Según algún estudio los chicos tienen una tasa de mortalidad en accidentes de tráfico (25,9%) cuatro veces superior a la de las mujeres (6,8%) y que la probabilidad de que un joven muera en España en carretera es el doble que en Holanda o Suecia. Además, el informe alerta de que esta "epidemia silenciosa" tiende a empeorar conforme aumenta el nivel de renta de los países. Otro de los resultados del estudio es que el 60% de los accidentes de tráfico de los jóvenes ocurren entre el viernes y el domingo y, de éstos, la mitad se producen entre las doce de la noche y las seis de la mañana. "Desgraciadamente tenemos un problema de alcohol porque más del 40% de los jóvenes de entre 21 y 30 años muertos en el año 2004 dieron alcoholemias positivas y elevadas", según se refleja en estos documentos.

Mi condición de padre de un pequeño, aún en edad infantil, pero potencialmente dispuesto y expuesto a esta "epidemia" de la que hablan los estudios, me siento realmente preocupado. Pero además, me inquieta que una sociedad moderna, progresista, avanzada y en teoría madura, pueda seguir mirando para otro lado en este asunto, de extrema gravedad, no sólo por lo que representa, sino porque el afirmar que nuestros hijos, nuestros nietos, nuestros vecinos, y en definitiva nuestros jóvenes, puedan perder la vida por algún motivo de irresponsabilidad o de tolerancia, es poco más que decir que somos en cierto modo cómplices de ello.

Se acercan fechas muy complicadas, de alto riesgo para la carretera por la celebración de una gran número de fiestas populares, donde es inevitable que ingiramos alcohol, porque toda la vida se ha hecho, con y sin botellón. Pero, hagamos también un llamamiento al control y a la prevención, seamos en cierta medida garantes de cierta seguridad, de no tolerar lo intolerable, de no permitir que personas cercanas puedan perder su vida, o incluso la de cualquiera de los miembros de nuestra comunidad. Seamos valientes y tengamos el coraje suficiente para poder contribuir desde lo personal, pero también desde lo institucional, en que todo esté bajo control, o al menos hagamos lo posible porque así sea. De lo contrario, seguiremos asistiendo a funerales de jóvenes, lamentándonos incansablemente de nuestra torpeza en la prestación de soluciones, y perdiendo uno de los capitales cuyo acopio más cuesta: la vida.

Algunas propuestas interesantes serían:

- Organización de autobuses para asistir a las fiestas, donde cada joven a un precio módico pueda disfrutar sin riesgo.
- Reparto de folletos y campaña "in situ" en la zona de celebración de botellones, especialmente conflictivas.
- Mayor control de fuerzas de seguridad en puntos críticos.
- Seguimiento y llamamiento a la responsabilidad de padres, en la tolerancia y no dejar sacar el coche determinados días.

Espero que no tengamos que lamentar ninguna desgracia más.

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