Resucita la furia española en Viena






Todos los medios de comunicación se hacen eco hoy de la, sin duda, noticia del año, en el deporte español y en la proyección internacional de nuestro país. Digno de mención es que en todos los lugares del mundo se nos conozca por nuestra capacidad de lucha y competitividad, y no como en otras desgraciadas ocasiones por atentados terroristas o por sucesos macabros, de los que deseamos que jamás se produzcan. 





Era previsible, aunque había que jugar el partido para demostrar que éramos un equipo campeón. La victoria de la selección de fútbol de nuestro país en el campeonato europeo nos ha devuelto la afición, a quienes por unos motivos u otros, la habíamos perdido. Tengo que confesar que hacía tiempo que no me pegaba al televisor con la misma intensidad y emoción que anoche, visionando en la pequeña pantalla la gesta de nuestra selección y la culminación a un bagaje excepcional, que a puesto a nuestro país, no sólo a nivel futbolístico -que también- sino a nuestro deporte general en el punto de mira y atención de todo el mundo.



La rojilla, ha vuelto a ser el centro de atención de nuestras miradas, haciéndonos olvidar algunos aspectos que nos venían asfixiando, y que seguirán haciéndolo a buen seguro, como la crisis económica, la subida del precio de la tarifa eléctrica, etcétera.



Como español no puedo vivir ajeno a esta euforia, a esta nueva concepción del fútbol surgida en nuestro país, a base de tesón, esfuerzo, confianza y mucha piña, la que parece haberse creado en el seno de la selección española, y que espero no se distorsione en un futuro inmediato, cuando los cambios en las personas nos obliguen a configurar una nueva selección.



Por tanto, me felicito como español, felicito al equipo y sobre todo, felicito a todo el deporte español que parece haber encontrado un excelente camino hacia el éxito, que ahora se corrobora con el deporte rey.

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