La guerra de las balanzas

Cuando una persona tiene la responsabilidad moral y política de defender los intereses de un pueblo, merced a la confianza que las urnas le han dado en un proceso electoral, no queda otra que ejercer esta obligación cada día y en cada minuto de su trabajo. Eso es lo que le pedimos a quienes nos representan y a quienes han de liderar el progreso y el desarrollo de nuestro pueblo, nuestra región o nuestro país.

Se acercan tiempos complicados en la política nacional, pues ha comenzado el debate de la financiación autonómica, un duro asunto en el que deberán defenderse "a capa y espada" los intereses de las regiones. De todos son conocidas las opiniones a contracorriente de Juan Carlos Rodríguez Ibarra, llegándose a enfrentar en muchas ocasiones a compañeros de partido, especialmente de Cataluña, por entender desde el sentido común y desde la justicia social, que Extremadura se estaba perjudicando de algo. Me alegra y me enorgullece como Guillermo Fernández Vara comienza a mostrar hacia el exterior ese compromiso con Extremadura, de sobra reconocido y contrastado de puertas adentro, pero ahora materializado en un acuerdo con el PP en la Asamblea de Extremadura, para hacer frente común a la publicación de las balanzas fiscales, y entiendo que también se hará en los temas que interesan a la región, de ámbito general, como pueda ser el caso de la financiación autonómica.

Todos sabemos del peso político del PSC en la victoria del pasado 9 de marzo, así como de la influencia de este en el anterior gobierno socialista y en el actual, previsiblemente. Sin embargo, Zapatero no debe dejarse embaucar hasta el punto de verse implicado en un conflicto que pueda distorsionar su proyecto político para este país y la estrategia que se planea para el futuro del partido. Por tanto, ante este escenario de turbulencias, más acusadas de lo que en realidad se refleja, no queda más solución que el de afrontar con el diálogo y el consenso esta nueva etapa, sin perder de vista las alianzas con otras fuerzas políticas, hasta ahora ignoradas, que pueden ser necesarias en momentos fundamentales de esta reforma.

Extremadura y los extremeños nos negamos rotundamente a que se publiquen las balanzas fiscales porque sencillamente serían un mal ejemplo de solidaridad territorial y un claro elemento distorsionador entre comunidades, sobre todo porque la realidad socioeconómica de cada territorio, la particularidad y singularidad de cada región, y otros factores específicos de cada comunidad, admite muchas variantes en la medida y el calibre, como para que esto se pueda usar en beneficio de unas y en perjuicio de otras.


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