Temporal en la economía

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Hace unos días pasé por la conocida Gran Vía madrileña, y no se pueden imaginar el movimiento y la actividad que se respiraba en la calle, y también en las tiendas y establecimientos comerciales que inundan este rincón. Imagino que a la misma hora, el centro comercial Ruta de la Plata de Cáceres, El Corte Inglés de Badajoz o cualquier centro comercial, abierto o cerrado, de Extremadura, sufría el mismo tipo de overbooking, que parece contradecir a la, ya constada por expertos economistas, desaceleración económica y que va camino de convertirse, según algunos, no sabemos si agoreros o profetas, en una nueva crisis económica mundial que comienza ya a manifestarse en el sector inmobiliario.

Parece que la exagerada subida del precio de alimentos básicos como el pan o la leche, las subidas de hipotecas y desconfianza de los bancos, la bajada del precio de la vivienda y la pérdida de protagonismo de la construcción, con consecuencias inmediatas sobre el empleo y sobre la desaparición de un gran número de empresas, no vaya con nosotros, con los ciudadanos de a pie, que en términos generales seguimos generando los mismos gastos a mayor precio, percibiendo en el mejor de los casos el mismo sueldo, y eso sí, con menos oportunidades o mayores dificultades para planificar el futuro, especialmente quienes aún no disponen de vivienda y necesitan capital ajeno para su adquisición.

El recién firmado Plan de Fomento y Calidad en el Empleo en Extremadura ha de ser ágil y eficaz ante la tormenta que parece se nos avecina. Ha de complementarse con las medidas anunciadas en la primera sesión de investidura por Zapatero, y que parecen a priori coherentes y prácticas contra estas turbulencias que parecen sacudir a la economía global, originadas en lugares muy lejanos y por motivos ajenos a los ciudadanos de a pie. Mis esperanzas están puestas en que realmente se cumpla el dicho popular de que después de la tormenta llega la calma, y que este aluvión pueda finalmente contenerse sin traumas.

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