Subirse al tren de la I+D+i

Ahora que se habla tanto de investigación, desarrollo e innovación, palabras a las que se suele englobar en las siglas I+D+i, y ante mi reciente visita por motivos profesionales a mi buen amigo José Luis Llerena, director de una Oficina de Transferencia de Tecnología (OTRI) que se ubica en el Centro Agroalimentario de Extremadura (CTAEX), aprovecho la inspiración que me brinda este reencuentro después de muchos meses sin vernos, para reflexionar sobre la importancia que tienen este tipo de acciones en nuestra sociedad, y sobre todo para animar a quienes, empresarios o no, tienen alguna idea interesante que pueda desembocar en algún nuevo producto, o en algún nuevo servicio para Extremadura.

Muchos son los recursos y ayudas disponibles para la investigación, desarrollo e innovación. Sólo hay que darse una vuelta virtual por la web del Ministerio de Industria, Turismo y Comercio, para profundizar en el amplio abanico de posibilidades y por qué no, de oportunidades con las que se cuentan, para poder desarrollar procesos de investigación necesarios para afrontar el futuro con mayor garantía y sobre todo para poder diferenciarnos, en un mundo globalizado, donde todos solemos hacer de todo.

A buen seguro todos tenemos alguna idea, alguna necesidad, o algún nuevo producto en el caso de las pequeñas empresas, que queremos poner en el mercado, pero que desconocemos cómo hacerlo, como diseñarlo e incluso cómo fabricarlo. Pues bien, para eso están este tipo de centros, éste en concreto especializado en empresas del sector agroalimentario, de modo que su experiencia en este campo nos ofrece cierta garantía, su bagaje gestionando proyectos de I+D+i también y su disposición personal, incrementa y fortalece a las anteriores.

La investigación es un aspecto fundamental en nuestra sociedad. Se ha demostrado a lo largo de la historia de la Humanidad con los avances y progresos habidos, algunos de ellos en muy corto espacio de tiempo. Evidentemente, el campo de la medicina es uno de los más importantes, pero también en otros, donde se hace necesario diferenciarse, hacer las cosas de manera diferente y ser en cierta forma peculiar y genuino. Eso es la innovación y ese ha de ser el motor que mueva a las empresas, fuertemente atomizadas del medio rural, distantes de los grandes centros tecnológicos, pero no por ello exentas de poder optar e introducirse en estos "mercados" de la investigación y el desarrollo de nuevas fórmulas comerciales.

Precisamente nuestra pequeñez -me refiero al de las empresas en general que se ubican en el medio rural- no debe acomplejarnos y hemos de ser valientes a la hora de afrontar los nuevos retos que se nos avecinan y para los que hemos de estar preparados.

Quien quiere puede, y para eso existen ya mecanismos que se deben conocer y utilizar, y que por qué no, nos pueden ayudar a cambiar de alguna manera el mundo.

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