Cae el presunto asesino de Mari Luz Cortés

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Vivimos en una sociedad compleja, de comportamientos diversos y hetereogénos, de aptitudes y sensibilidades condicionadas por muchos factores, y de reacciones extrañas en función de que situaciones. El caso que estos días nos conmovió hace unas semanas y que ahora vuelve a la primera plana informativa, relativo a la muerte en extraña circunstancias tras la desaparición de Mari Luz Cortés, no es el primer caso de pederastia en nuestro país, aunque en otras circunstancias denunciadas no se produjo la muerte del menor. Esto, debe servirnos a todos los que somos responsables de la custodia de menores, de velar por su seguridad y por su integridad, hasta en las condiciones menos sospechosas de que pueda suceder algo. Recordad que la niña onubense fue a comprar chucherías a un quiosco cercano a su casa y aquello, que en condiciones normales no se considera importante, puede haber supuesto un error irreversible, máxime cuando todo ha acabado como lo ha hecho, de manera tan trágica. No quiero con ello culpar a su familia, sino simplemente hacer y al mismo tiempo reflexionar sobre la importancia y responsabilidad que tenemos los padres, tutores o incluso los propios profesores en un momento determinado.

Los niños son bondadosos, generosos, encantadores, cariñosos, tiernos, traviesos... Pero desgraciadamente también son débiles e inocentes. No olvidemos que en cualquier lugar, en cualquier esquina puede esperarle alguien, premeditadamente o no, que esté dispuesto a arrebatarle esa inocencia o quizás su vida.

Es tremendo pensar lo que ha sucedido, e imaginarse por momentos que pudiese suceder a cualquier persona conocida o a tu propio hijo.


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