Absoluta normalidad

Después de la tempestad llega la calma, al menos para los ciudadanos de a pie que comenzamos a vivir nuestra vida con cierta tranquilidad, y que inmersos en nuestra rutina diaria nos sentimos un tanto aliviados del bombardeo mediático que siempre supone una precampaña, campaña y proceso electoral, y que siempre polariza nuestra cotidianeidad e influye en nuestra relaciones, hasta el punto de que parece que el tópico que todos solemos decir en alguna ocasión de “yo no entiendo de política” se deja a un lado y todos nos convertimos en analistas, críticos y voceros de aquellos en los que más confiamos, apostamos por ellos e incluso nos atrevemos a dar la cara por ellos en nuestros entornos más cercanos. Todo normal, como el hecho de que en todo proceso electoral siempre haya vencedores y vencidos, triunfadores y fracasados, que irremediablemente hacen que las aguas vuelvan a su cauce, que espero sea en esta legislatura, más caudaloso que en la anterior, especialmente en cuanto a las relaciones entre el líder de la oposición y el jefe del ejecutivo, que será de nuevo José Luis Rodríguez Zapatero.

A priori poco va a cambiar en los primeros compases del nuevo gobierno socialista, fundamentalmente en lo que respecta a sus relaciones con la oposición. La continuidad de Rajoy al frente del PP parece indicar que esto será así, y su euforia electoral le mueve para arrebatarle el gobierno a los socialistas dentro de cuatro años, sin tener en cuenta que es posible que dentro de unos meses, cuando llegue el congreso del PP, se encuentre con algún duro rival, que pueda suponer un golpe mortal para sus aspiraciones y un giro radical en el partido. Sin embargo, en el otro lado, todo parece indicar que Zapatero mantendrá su talante, y quiere comenzar la legislatura cumpliendo compromisos, tal y como lo hizo en 2004 retirando las fuerzas de Irak, y ahora - y así lo ha indicado quien ocupará con toda seguridad la cartera de Economía, Solbes- con la devolución de los 400 euros del IRPF.

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