El duelo final

Se perfila poco menos que como una final de la Champions, y es posiblemente la última oportunidad para movilizar o ratificar a los indecisos. El próximo lunes se incrementarán, más si cabe, los poco más de trece millones de televidentes que siguieron el duelo anterior, y todo en beneficio de la democracia, aunque claro está que nunca llueve al gusto de todos y eso es lo que deben estar pensando –con justa razón- las fuerzas políticas que se quedan al margen de este tipo de eventos y que obviamente se perjudican.

Muchos errores, o quizás aciertos, han servido para afrontar una nueva partida por el triunfo del próximo 9 de marzo, no la última, pues aún quedará tiempo para reaccionar antes de la jornada de reflexión, y mucha tela que cortar en plazas de toros, teatros, casas de cultura y otros foros, donde la batalla dialéctica y la explicación de los programas electorales se intensificará en lo que será el último empujón para poder captar ese voto de confianza que tanto hace falta, no sólo a los dos partidos mayoritarios sino a todos los que concurren a estos comicios. Este nuevo cara a cara será sin duda el último que mantendrán ambos líderes, obviamente porque uno de los dos, en función de los resultados, no volverá a estar en la primera fila.

Por ello, el esfuerzo y la estrategia individual, el trabajo de gabinete con los asesores y el enfoque personal que cada cual aporte, con mayor o menor sinceridad y credibilidad, será lo que determine –si es que hay margen para ello- la consecución de algunos miles de votos más o menos, asunto vital para los intereses de ambos partidos. Sería por tanto recomendable que conectasen con el pueblo llano, tanto en el lenguaje como en la temática a abordar. Al fin y al cabo lo que nos interesa a los españoles es que nos resuelvan nuestros problemas, esos que todos conocemos y los políticos también, y no nos aburran con las cifras. Por tanto, que nos dejen de contar las milongas de siempre y nos hablen de soluciones para el día a día.

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