Fulgencio, el quiosquero, nos deja

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El día de reyes, además de regalos y de mucha alegría para algunos niños y niñas, nos ha dejado también alguna perdida, como la de Fulgencio, un hombre trabajador donde los haya,al que siempre recordaré en su quiosco,primero verde y después color plata. Fulgencio me vendió mis primeras chucherías y mis primeras bolsas de indios y soldados, él conocía a todos los niños y niñas a través de su sonrisa y de sus gestos cuando le visitaban, sólo o en compañía de sus padres. Después, él me entregaba el periódico y de paso, hablábamos sobre la vida, sobre lo cotidiano, sobre cualquier tema que surgiese. Él sabía más que nadie de sufrimiento y de sacrificio. La pérdida de un hijo no debió ser fácil para este luchador nato, tengo entendido que de origen pacense (Zurbarán se llama el pueblo). Fulgencio, representaba en si mismo la sencillez y la humildad, la sabia manera de vivir sin entorpecer ni distorsionar el camino a nadie. Él, siempre estará en mi memoria, porque ha sido sin quererlo uno de los personajes de mi historia, especialmente ligado a mi niñez.

Por eso, no podía dejar de recordarle como lo que fue, y de paso desearle lo mejor en su nueva vida, la cual espero sea especialmente buena para él, sobre todo porque también se habrá reencontrado con ese hijo del que tanto tiempo ha estado separado.

Descanse en paz.

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