La segunda emigración en Extremadura

Las imágenes y el sonido que la televisión nos ha trasmitido sobre el funeral de estado por la última víctima de ETA me ha emocionado, imagino que a muchos de vosotros también. Realmente el problema es más grande de lo que parece, pero bueno, vamos a cambiar de tema y hoy vamos a hablar de otro asunto que me preocupa, nos preocupa en Extremadura y es la salida de nuestros jóvenes universitarios, algunos de ellos con expedientes brillantísimos, como hoy mismo nos describía en el tema del día, el periódico Extremadura, y que al final se tienen que marchar a Madrid, Sevilla, Barcelona o cualquiera de esas ciudades con más oportunidades.

Esta tarde, de visita a una tía mía con tres hijos en Madrid -mis primos- un filólogo, una terapeuta ocupacional y una psicóloga lo comentábamos. Algo está fallando en nuestra región, una región con un potencial empresarial, industrial y de crecimiento a un gran nivel dentro del territorio nacional, pero que sigue sufriendo, afortunadamente con mucha menos intensidad, el fenómeno de la emigración, sobre todo entre los jóvenes, que no acaban de encontrarse a gusto en la tierra que les vio nacer y les formó como profesionales. Toda una pérdida de capital, el humano, que ya empieza a amenazar a algunas zonas de Extremadura, las más rurales, y que comienzan a adoptar medidas para que se incremente la población. Hace unos días nació Lara, una pequeña de un pueblo de cerca de Coria en la provincia de Cáceres que había sido la última en llegar a este pueblo, Pescueza, después de 16 años sin que naciese criatura alguna. Todo es una cadena:si no hay jóvenes no hay niños, si no hay niños la población envejece y pierde capacidad de regeneración, de prosperidad y de progreso. Extremadura ya perdió bastante y no nos podemos permitir más lujos en este sentido. Me consta que desde el gobierno que preside Guillermo Fenández se trabaja en ello, pero hay que abrir frentes en muchos campos: en la universidad, en los ayuntamientos, en las empresas e incluso en las familias, apoyando e incluso asumiendo ciertos costes para que nuestros jóvenes no se vayan.

Son circunstancias que hacen que haya gente, mucha de ella de Guadalupe, que tengan noticias de este pueblo por sus familiares o por espacios como este, y que han sido víctimas -en el buen sentido de la palabra- de este tránsito que aún hoy sigue, a menor ritmo pero generando mucho vacío en las poblaciones y la llegada de gente de fuera que necesitan en algunos casos mucho tiempo de adaptación.

Un saludo cariñoso a Maribel, que está en Ibiza, y a su compañera, seguidoras de mis post y a todos los guadalupanos y guadalupanas que están fuera, y al resto de extremeños y extremeñas, que un buen día, en ocasiones contra su voluntad, tuvieron que irse fuera.

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