Balance jubilar del año

Los fines de año son siempre sinónimo de balances económicos, cierres, evaluaciones, inventarios, etcétera. Además, marcan siempre –o al menos intentamos que así sea- un punto de inflexión o cambio de rumbo, para algunos hábitos poco saludables, generando incluso el nacimiento de nuevos propósitos con respecto a determinados asuntos que suelen marcar nuestra cotidianeidad, cuyo desenlace siempre confiamos se produzca a lo largo de los siguientes doce meses.

Una de las mayores expectativas que como extremeño y guadalupense me había generado este año 2007 ha sido sin duda la celebración del año jubilar guadalupense, cuyo pistoletazo de salida se dio el pasado 24 de marzo y que ha permitido la organización y celebración de numerosos acontecimientos culturales, científicos y promocionales, con un impacto interesante e importante. A nadie se le escapa la proyección que esta región y esta localidad han tenido y está teniendo aún, lo vivimos y observamos quienes vivimos de cerca este fenómeno, y lo saben muy bien las empresas locales que han visto incrementada su actividad económica. Sin embargo, pienso que el pueblo de Guadalupe y su entorno, las infraestructuras, los caminos de peregrinación y la recuperación de algunos hitos históricos vinculados a ellos y algunas cuestiones más cercanas al municipio, se han saldado con un balance francamente pobre.

Desconozco si ha habido problemas presupuestarios, si la tardanza en la bonificación para las empresas patrocinadoras ha encorsetado hasta estrangularlas algunas de las propuestas que se hicieron cuando se anunció el evento, pero lo que resulta obvio es que esta localidad extremeña, corazón espiritual de Extremadura y centro turístico de primer nivel, con muchísimas carencias y dificultades –no olvidemos que tiene poco más de 2.400 habitantes- no ha tenido la relevancia y el peso que -en mi opinión- hubiera debido tener, máxime cuando todos sabemos que realmente lo necesita y que además del Monasterio, la puebla también existe.

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