Rifi rafe entre dos jefes de estado



Este fin de semana he estado muy desconectado de este cuaderno, que no del mundo, pues la enorme difusión que han tenido las imágenes y el intercambio de palabras entre el presidente de Venezuela y nuestro monarca, han llegado hasta el último rincón del planeta.

Parece que la mayoría de los demócratas, menos Rajoy, coinciden en el papel tan sosegado e inteligentemente desempeñado de nuestro Presidente del gobierno, el socialista José Luis Rodríguez Zapatero, quien demostró como nunca ese talante que tanta fama le ha dado, y que, ante los ojos y oídos de todo el mundo, en plena cumbre iberoamericana, salió en defensa del mismísimo Aznar, para el que seguramente hasta ese día era enemigo público número uno. Lo que son las cosas, y lo que nos sorprenden los políticos con sus posicionamientos y sus actuaciones. Pienso que Zapatero no pensó en ningún momento en la repercursión que iban a tener sus palabras y actuó con naturalidad, intentando apagar la llama que unos metros a su izquierda brotaba de una lengua acostumbrada a largar mucho fuego, y poco habituada a que nadie le pare los pies, y menos ante un foro de tanto peso político.

Del otro protagonista de la historia, si os digo la verdad me decepcionó. Jamás pensé que nuestro rey pudiese rendirse ante similar palabrería, perder los papeles a pesar de su experiencia y madura trayectoria, y mandarle callar, ante las cámaras y ante los micrófonos abiertos a todo el mundo, de la manera en que lo hizo. Evidentemente que el personaje venezolano merecía esto y más, pero yo bien creo que no estaba el horno para bollos, y menos cuando la imagen de la monarquía y sus integrantes, sobre todo para gente como Anasagasti, no atraviesa por buenos momentos. A pesar de que muchos medios valoran positivamente esta reacción, en mi opinión la situación a podido con nuestro monarca, y va a marcar significativamente su participación en otros eventos sociales, de igual o parecida naturaleza a partir de ahora.

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