Todo pasa y todo llega...

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Parece que fue ayer cuando mi pequeño estaba en el capazo y hoy ya ha ido al colegio por primera vez. La verdad es que nunca me imaginé que iba a ser yo quien tuviese que acompañarle en su primer encuentro con las aulas, y sinceramente intenté por todos los medios, y así se lo trasmití a su madre, no tener que verme en ese follón. Un imprevisto de última hora y quizá el destino han querido que esta mañana fuese yo quien tuviese esa vivencia, y la verdad es que aunque al principio parecía que iba a haber berrinche, al final todo se ha quedado en una pequeña resistencia que se ha superado con éxito, tanto por el padre como por el hijo.

Ciertamente uno se da cuenta de lo mucho que suponen los hijos, lo difíciles que resultan algunos momentos y cuan proteccionistas nos hacemos cuando seguimos las órdenes del corazón, no así cuando el caso se lo hacemos a la cabeza y esta nos guía en una dirección más reflexiva y madura, que nos hace pensar siempre en el futuro y en lo mejor para con quienes tenemos la responsabilidad de educar y de dirigir en sus primeros pasos al frente de la vida. Se trata sin duda -esto de ser padres- de una de las asignaturas más complicadas de las que componen la vida, que a base de evaluación continua y de un complicado temario, para el que no existen libros, se torna más compleja a medida que los hijos se van haciendo mayores.

En fin, como decía el poeta Antonio Machado, "todo pasa y todo llega", convirtiéndose en una verdad irrefutable que nos va indicando que la vida sigue y con ella el ciclo lógico de los acontecimientos, cuyo desenlace nos acerca hacia la madurez y quién sabe hacia donde.

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