Ruta de Alfonso el Onceno

Hace ya una década creamos lo que se conoce como ruta de Alfonso el Onceno, un sendero que une las localidades de Guadalupe y Navezuelas, recorriendo el viejo camino de herradura que antaño era itinerario obligado para el intercambio de cultura, comercio y otras cosas, entre ambas localidades, y que hoy, a pesar de ese décimo de siglo transcurrido he visto en buen estado, especialmente en el término de Navezuelas, lo que me anima en cierto modo al saber que se usa.

La marcha que hoy he realizado tenía un sentido emocional en dos líneas: por un lado recordar y comprobar qué quedaba de la ruta cuyo estudio y señalización hice con otros compañeros; y por otro, recorrer a pie la distancia que une dos lugares importantes, lugares de nacimiento de mi padre (el destino) y de mi madre (el origen).

Con la fresca salí de la Puebla, abandonándola por la conocida “Cuesta de la Horca” hasta enlazar con el camino de la Cañería, llaneando paralelamente a la carretera CC-713 hasta llegar al cruce de la Ermita del Humilladero desde donde comencé el ascenso hacia el Cerro de la Arena (1.334 m.), para seguidamente descender al Valle del Río Viejas, por poco tiempo, pues al caminar por la ribera del río y escuchar el sonido de su agua cristalina, aproximadamente 500 metros, retomé las subidas para realizar el último ataque -os aseguro el más duro, por el desgaste realizado ya y por la fuerte pendiente- para ascender a la “Sierra de Las Villuercas”, coronando los collados conocidos como “Los Ajos” y “Las Parideras”, atravesando del Valle del Viejas al Valle del Río Almonte y bajando hasta adentrarme en las calles de Navezuelas.

La ruta -pese a que la Junta de Extremadura especifica en un cartel informativo, colocado frente a la cooperativa “Las Villuercas que su dificultad es escasa- a mi corto entender tiene un grado de dificultad medio-alto, sobre todo por las fuertes pendientes del sendero y la cantidad de piedras que se encuentran en el mismo, lo cual debilita mucho los tobillos y la hace un tanto más dura. En cualquier caso he podido cumplir mi deseo y en cuatro horas y media me he colocado en mi destino (no las dos horas y medidas que rezan en el susodicho cartel) después de haber recorrido -según mis cálculos basados en Mapas y podómetro, la friolera de 18 Km. en terreno de sierras.

Lo más interesante el haber superado el reto, compartir -tras mi recogida en vehículo en Navezuelas- una jornada con la familia en pleno corazón de Las Villuercas y haber probado la miel de encina, directamente del árbol, gracias a las enseñanzas de mi amigo Jesús Benito, con el que me he cruzado curiosamente llegando a Navezuelas y con el que he charlado sobre el estado de los caminos y lo negativo de las motos y quads para estos. En fin, os dejo una pequeña muestra de lo vivido, aunque os aseguro que si os animáis os daréis cuenta que esto solo es un aperitivo.


1 comentarios :

Felipe dijo...

Siento lo sucedido. Nunca fue mi intención herir a nadie, ni jamás lo será.
Un beso para esa amiga del ciberespacio con la que hoy compartí un rato.