Recuerdos que aún me queman

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Hace ahora poco más de dos años y unas semanas que pasé por el trance que supone sentirse víctima del fuego y de un incendio, y me pongo en la piel del pueblo canario y no hago más que rememorar con cierta rabia aquellos fatídicos momentos del año 2005 cuando un fuego intencionado pretendió aniquilar la biodiversidad de mis Villuercas.
En aquella ocasión comencé a escribir por primera vez para el periódico Extremadura, y lo hice con un artículo cuya reproducción he recuperado de las hemerotecas y me permito reproducir, con el objeto y el firme propósito de solidarizarme con todo el alma y en la distancia con esas gentes que en estos días sufren de la misma manera que yo entonces, en algunos casos de manera mucho más dramática.
"A mi hijo y a otros hijos de Las Villuercas"

"Son las dos y media de la madrugada del día 22 de julio de 2005. Desde hace un rato mi hijo duerme plácidamente en su cuna a unos metros de la ventana desde la que contemplo a la luna resplandeciente que se entremezcla con la nebulosa de humo que rodea a mi pueblo.

La montaña de enfrente a la que aquí llamamos ´Picoagudo´ se resiste a las llamas y de manera heroica impide que el malvado llegue hasta la Puebla. Mientras, miro al cielo y ruego a la Madre Morena, siempre fiel, que una vez más nos ampare y sepa dar consuelo a quienes ya a estas horas han sufrido alguna desavenencia.

Durante unas horas el suministro eléctrico se ha paralizado a la vez que las comunicaciones por telefonía móvil sufren algunos desconciertos, que se traducen en llamadas de amigos y familiares que se agolpan en la lista de llamadas perdidas y que finalmente logro atender. La calle es un hervidero de vecinos preocupados, de opiniones y rumores. Y de temor: "tendremos que irnos", "estamos rodeados", "de ésta no nos libramos", "Navalvillar de Ibor ya ha sido desalojado".

Frente a nuestra casa, en los aparcamientos públicos, casi una veintena de autobuses esperan la orden oportuna para transportar a los guadalupenses a algún pabellón deportivo o albergue que pueda acogernos durante la noche. Tu madre y yo hemos preparado un pequeño bolso con algunas cosas, y para ti algunos pañales y toallitas por si esto se prolonga. Tú duermes sin saber nada, ajeno a estos acontecimientos. A nosotros, tan despiertos, nos invade la rabia e indignación, y nos ponemos del lado de quienes se han dejado parte de ellos o media vida en esta batalla contra el fuego y a los cuales deseamos lo mejor. Tanto trabajo tirado por la borda, tantas ilusiones venidas al traste, tanto esfuerzo quemado de manera irremediable sin poder hacer nada y tanta oportunidad perdida.

Minutos más tarde hablo con Javier, el joven alcalde de Navalvillar de Ibor, y escucho su voz entrecortada que me ilustra de manera contundente la situación: "Hemos perdido todos los cultivos, olivar, castaños... y el fuego se dirige hacia Guadalupe". La situación se complica y la noche sigue su paso de manera irreversible.

No alcanzo a entender lo que está pasando y me viene a la memoria los momentos en que he tenido la fortuna de disfrutar de esos paisajes maravillosos del Valle de Belén, del Valle del Río Ibor, de las sierras y canchos de esta tierra... y me lamento porque jamás podré enseñarte lo que siempre deseé, el corazón de esta tierra tan limpio y puro, que sólo un disparo de fuego cargado con mala fe ha conseguido atravesar.

No es momento de culpar a nadie sino que es momento de reflexión y de serenidad, de evaluación y de recapitulación, de unidad y de solidaridad y de decirle al señor Ibarra que tenemos que trabajar de manera contundente en la prevención de los incendios, en la educación y en el amor hacia la naturaleza, para que no puedan operar ni existir los desalmados que aún viven entre nosotros.

Ruego a la Junta que dedique más esfuerzo a este tema y que no se preocupen tanto de salir en los periódicos, que si hay medios o no hay medios, que si estamos a la cola o no estamos a la cola. Lo importante es que no se tenga que utilizar ningún medio y eso sólo se logra con la tarea callada y constante de la prevención.

Como se suele decir ´no hay mal que por bien no venga´ y desgraciadamente el incendio de Guadalajara nos ha venido muy bien a los extremeños. No quiero ni pensar qué hubiera pasado si no hubiesen estado las distintas administraciones de guardia y en eso nos ha ayudado Guadalajara. Finalmente, me gustaría que este día gris fuese un punto de inflexión en mi vida y deseo que jamás tengas que vivir una noche de éstas.

Puedes estar seguro que pondré todo mi empeño y esfuerzo desde el puesto de trabajo que ocupo en que esto no vuelva a suceder. Ahora sólo queda recuperar lo perdido y consolar a las personas más necesitadas. Mañana cuando despiertes para ti nada habrá pasado y sólo el tiempo te dará cumplida cuenta de lo que jamás tendría que haber acontecido. "


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