Mantenimiento de las tradiciones locales

Ha llegado agosto, el mes más festivo del año, el tiempo del reencuentro y del descanso, la época dorada del calendario en la que antaño las eras se llenaban de grano y de paja, a golpe de trillo y caballería, y que hoy son vestigios del pasado apenas visible en algún museo etnográfico local.

Son las fiestas patronales las que mandan en la tradición, plenas de emigrantes y de lugareños, que buscan en el jolgorio la explosión del estrés y la contención del resto del año. Cualquier fiesta pueblerina que se precie siempre encuentra un espacio para el toro, ese animal tan polémico para algunos y tan amado para otros, y es que estamos en España, el país con una fiesta nacional muy definida y popular, a pesar de sus detractores.

El tiempo pasa y con él también pasan nuestras sensaciones y vivencias en torno a estas celebraciones y encuentros populares. Cada año que pasa, al menos así lo percibo yo, es diferente, o al menos mi participaciòn es diferente. Existen fronteras y espacios ligados a la edad y los gustos, yo diría organizados con poca visión integradora de generaciones , que nos hacen sentirnos con mucho protagonismo en algunas cosas y realmente ignorados e incluso prescindibles en otras.

La cuestión es que los sabores y saberes de las tradiciones populares sufren cada año importantes agresiones, no quiero pensar intencionadas, sino fruto de una evolución de un mundo globalizado que nos asfixia y nos exige hasta el punto de descolgarnos de importantes lazos de unidad con nuestra historia, logrando con ello una pérdida de identidad importante, cuyos rasgos, con mucha suerte, serán en unos años un mero testimonio de lo que siempre han sido.


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