La nueva Extremadura rural

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Después de disfrutar de dos días de visita al Valle del Jerte, comprobando "in situ" la maravillosa estampa rural que supone la floración del cerezo, además de compartir con los lugareños proyectos empresariales en el mundo cooperativo, no puedo por menos que plasmar en estas líneas algunas reflexiones y consideraciones sobre como con tesón y con una gran dosis de ilusión es posible construir una nueva Extremadura rural, precisamente en estos momentos en los que está a punto de aprobarse la ley estatal que regula el desarrollo rural y sostenible de estos territorios.


Cada pueblo, cada comarca, tiene sus propias potencialidades y particularidades que le imprimen un carácter propio y que le diferencian del resto. Esa genuina especificidad puede estar relacionada con la cultura, con el paisaje, con la gastronomía, con el lenguaje, con la arquitectura, o con cualquiera otra de las que componen la autenticidad de un determinado espacio físico. Demasiadas veces nos afanamos en construir nuestro futuro y nuestro desarrollo basándonos en la introducción de modelos importados, muy vulnerables a las continuas transformaciones a las que se somete el medio rural y que sin darnos cuenta absorben - a veces de manera irreversible- ese elemento de originalidad que nos ha caracterizado, y sobre el que se basa nuestra estructura social y nuestra manera de ser como pueblo.


Está claro que quienes tienen la responsabilidad de planificar y diseñar políticas y programas de diversificación económica y de fijación de población en el mundo rural, mayoritario en Extremadura, han de tener en cuenta estas cuestiones, sobre todo porque se ha demostrado, y el Valle del Jerte es un buen ejemplo, que esas connotaciones propias y esa autenticidad, son las que posibilitan el progreso de estas zonas, permiten la creación de nuevas oportunidades y además, dan pie a que todos nos identifiquemos con ellas, fundamentalmente por los valores que representan, basados en el afán continuo de superación, en no mirar atrás y confiar en uno mismo, y en un profundo deseo de permanecer en la tierra a toda costa. Son sin duda, los elementos que caracterizan a una nueva Extremadura rural sin complejos que se abre camino en el mundo.

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