APLICACIÓN DE LA LEY DE DEPENDENCIA

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Recuerdo con nostalgia a personas de mi pueblo, algunas de ellas muy queridas, que tuvieron la desdicha de abandonar este mundo sumergidas en la más completa soledad, víctimas de esta epidemia que tantas vidas se ha cobrado, consecuencia de una falta total y absoluta de solidaridad social, a la que ni siquiera la hospitalidad y disposición de las gentes del mundo rural -antaño habitual y desinteresadamente normal- ha podido vencer, urbanizándose su comportamiento en el sentido de “ir cada cual a su bola” y no querer saber nada del vecino.

Afortunadamente aunque estas conductas tienen difícil retroceso por la propia dinámica y marcha de la sociedad actual, incluida la rural, ha habido un avance sustancial que se ha plasmado en la Ley de Dependencia, la cual mermará sin ningún tipo de dudas la situación de desasosiego y abandono en la que viven miles de personas, desatendidas y abandonas, que ahora tendrán un fuerte apoyo de recursos económicos que servirán para paliar esa situación y abrir de nuevo la puerta a la solidaridad, a la vez que se potencia la creación de empleo y por tanto el desarrollo socioeconómico.

El apoyo económico de la Junta de Extremadura a esta Ley para el año 2007 ya se ha visto plasmado con la aportación de 722.558 euros, cifra importantísima para poner en marcha esta novedosa fórmula aprobada de manera mayoritaria en el Parlamento y necesaria para avanzar hacia el logro de la igualdad y equilibrio social de todos los ciudadanos en Extremadura. Cuanto antes se comience a gestionar este nuevo sistema más probabilidades existen de rectificar y por tanto de gestionar de manera adecuada estos recursos. En este sentido nuestra región ha cogido el toro por los cuernos y ha iniciado sin demoras el proceso de arranque del motor de la dependencia, cuyo rodaje espero sea óptimo y sobre todo justo.

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