AÑO JUBILAR GUADALUPENSE

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Como extremeño y guadalupense me siento profundamente ilusionado y a su vez preocupado por la noticia anunciada de que la Junta de Extremadura se va a volcar con la organización de la conmemoración del cien aniversario de la declaración de la Virgen de Guadalupe como Patrona de Extremadura y de los actos que con motivo del año jubilar -otorgado por la Santa Sede y que supone, desde el punto de vista cristiano, la concesión de una serie de indulgencias establecidas normativamente por la Iglesia- atraerán a miles de peregrinos a este enclave.

La ilusión nace porque entiendo que abanderar un año jubilar desde una Comunidad Autónoma como Extremadura, donde la polémica y puja de identidad diocesana ha sido una tónica continua y sobre todo en los últimos tiempos, esto supone –desde mi punto de vista- un paso adelante en esta pretensión, y una llamada a la unidad entre las diferentes Diócesis que convergen en este Santuario. De la misma manera, y como no podía ser de otra forma, el hecho de que se pongan en marcha una serie de actos culturales, religiosos y de otra índole, en un pueblo como Guadalupe siempre es una buena noticia por la repercusión mediática y la generación de flujos de visitantes que siempre se generan, que al fin y al cabo suponen ingresos e inversiones en la localidad. Si a eso se añade la oferta del jubileo económico que lanzó Manuel Amigo para las empresas que quieran invertir en la región, el interés y dimensión de la conmemoración se perfila aún más interesante.

La preocupación que de alguna manera está presente en mi interior se centra en cuestiones puramente organizativas y participativas, que obedecen al posible papel que se le va a conceder o designar a los habitantes de la localidad, a su forma de integrarse en los actos y a su receptividad ante la continua avalancha de foráneos, que la promoción externa puede ocasionar y la que puede distorsionar de manera muy perjudicial, si no se estructura adecuadamente, los resultados previstos. Del mismo modo me refiero a cómo se pretende implicar a los empresarios locales, últimos protagonistas de todo esto, con un papel crucial y fundamental de cara a ofrecer una imagen acorde con los objetivos de los actos culturales. Ante esta situación se me antoja primordial la puesta en marcha de una Comisión Local, donde estén representados los intereses locales (religiosos, políticos, empresariales, etc.) y que puedan contribuir a un buen desenlace de tan importante evento. Guadalupe tiene la responsabilidad de representar la imagen de Extremadura, y en ese empeño tienen que implicarse sus ciudadanos y ciudadanas, de la mano de las entidades locales y codo con codo con los organizadores y patrocinadores.