Una anécdota con final feliz

En los tiempos que corren no es fácil que cuando uno extravía la cartera, al poco rato se presenten en la oficina y se la devuelvan. Esta mañana, tras tomar café en el establecimiento habitual me ha sucedido esta anécdota, y realmente me ha gustado mucho el detalle, dándose la circunstancia además de que las personas que la han encontrado eran paisanos de Guadalupe, que por motivos laborales estaban trabajando en Cañamero, localidad en la que trabajo.

A buen seguro si esto me sucediese en otro lugar, y lo afirmo pensando fundamentalmente en una ciudad, al final no hubiese tenido más remedio que denunciarlo en el cuartelillo de turno con una mínima probabilidad de recuperarla, al menos al completo. Este pequeño detalle, se suma a otros muchos que hacen que nuestro modelo de convivencia en los pueblos, en el medio rural en general, sea tremendamente cercano, que posibilita aún que sucedan hechos sorprendentes y poco habituales en otros lugares, digamos menos familiares, donde como se suele decir "cada uno va a su bola".

Por esto, y por otras muchas cosas, alguna de las cuales desgrano de cuando en cuando en este espacio, defiendo a ultranza el modelo de convivencia de nuestros pueblos, y no dejo de reivindicar su conservación y mantenimiento.

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