Guadalupe, un valor incalculable

Esta semana he recibido desde la Comisaría del Año Jubilar un precioso regalo, lo cual agradezco muy especialmente a Teresiano Rodríguez. Se trata de la publicación "Caminos a Guadalupe" que recoge el contenido y la justificación histórica de la exposición del mismo nombre que estuvo bastante tiempo en el centro de la capital de España. En la redacción de los textos intervienen dos personas de Guadalupe, Elisa Rovira y Antonio Ramiro, además del hijo adoptivo ya de la Puebla, el franciscano -buen amigo- Sebastián García. Cada vez que tengo en mis manos una nueva publicación sobre el Monasterio de Guadalupe, sobre lo que es y ha sido, no puedo por menos que emocionarme y sobre todo, preocuparme por la poca importancia que, con carácter general, le damos a esta maravilla declarada Patrimonio de la Humanidad en el año 1993.

De todos es conocida, al menos de quienes tienen estrecha relación con este blog y con mi persona, mi amistada hacia la Comunidad Franciscana y hacia los valores de este lugar, que bien pudiera y no dudo que lo haga, influir en mi opinión acerca de este lugar. Sin embargo, creo que al margen de estas connotaciones de tipo personal, hay una evidente vinculación como guadalupense, sentimental y también espiritual, que se viene arrastrando desde que era prácticamente un niño. Me parece enormemente preocupante y sobre todo sorprendente que esta joya, reconocida mundialmente, no tenga el valor que merece entre quienes estamos más cerca, y que sobre todo no exista una mayor colaboración para poder repercutir esos valores en la actividad y dinámica de un pueblo, que desgraciadamente vive de espaldas al Monasterio, salvo contadas excepciones.

Como guadalupense, me gustaría que esa simbiosis necesaria, independientemente de colores e ideas políticas, se tradujera en un progreso más armónico y una apuesta decidida porque este pueblo, supere todas las brechas que tiene, a costa de una estrategia común porque el principal recurso económico que nos mueve, sea algo de todos y para todos. Sin duda una vieja y omnipresente reivindicación que espero algún día se haga realidad, y que requiere de mucho diálogo, algún consenso y no poco esfuerzo. Al final, bien merecerá la pena, por el futuro de este pueblo y de sus gente.


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